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  ACTUALIDAD  19 de diciembre de 2017
ARA San Juan: A modo de breve contextualización
En el presente texto se pretende enumerar las circunstancias conocidas en torno a la desaparición del submarino de la Armada Argentina ARA San Juan para, al menos, tratar de clarificar la cronología de eventos. Al mismo tiempo y a continuación, se desarrollan en cuatro apartados, eventos y dinámicas que involucran tanto al submarino, como a medios similares y a las zonas de operación en las que del mismo se escuchó por última vez.

Queda dicho de antemano que, hasta ahora, no hay condiciones objetivas (al menos públicamente conocidas) que permitan afirmar –y menos probar- alguna de las teorías que abundan (en el ciber-espacio especialmente) respecto de causas y circunstancias que motivaron la desaparición del ARA San Juan. Por lo tanto, no es mi intención aventurarme por ese camino.
 
Entiendo, si, que hay cuestiones que deben conocerse más públicamente de lo que se conocen. Sostengo, si, que exponer fundadamente, pero sobre todo históricamente, la multiplicidad de “dinámicas” confluyentes en esa zona del Atlántico Sur donde hoy se rastrilla en busca de un submarino hundido, algo de luz puede arrojar para el lector no habituado a estos temas, principalmente. Y es mi deseo que la luz que arroje tenga que ver con la valoración de la vida y sacrificio del compatriota, aún del más cercano. 
 
El submarinismo militar, junto con el viaje espacial y la minería de profundidad, quizá sean de las tres profesiones más riesgosas del mundo actual. Los 44 tripulantes del ARA San Juan partieron a una navegación que –todo indica- sería la última; al momento de la desaparición, todos (buque y tripulantes) llevaban 21 días continuados de operaciones y, demás está decirlo, esa no era la primera navegación de este año 2017. Al momento de la desaparición todos en ese buque cumplían su sueño profesional, desarrollaban su trabajo con seriedad y, sobre todo, patriotismo. Vivían orgullosos de sus logros y por eso muchos, como yo, sentimos orgullo de habernos cruzado en la vida con algunos de ellos o de sus predecesores. 

 

Silencio en una mañana de tormenta:
 
En la mañana del miércoles 25 de Octubre de 2017, el único submarino operativo de la Armada Argentina (ARA), el ARA San Juan, zarpó de su Base en Mar del Plata.[1] En lo que hace a imágenes públicas, recién volvería a fotografiárselo 10 días después en Ushuaia, Provincia de Tierra del Fuego, hasta donde llegó junto a casi todas las unidades de la Armada.[2] Es ese lapso recorrió las aguas del Atlántico Sur participando de misiones y ejercitaciones varias, pero también llevando adelante las suyas propias. Ese día comenzó la historia de lo que sería la última singladura del ARA San Juan.[3]
 
Tres semanas más tarde, poco antes de las 11 de la mañana del miércoles 15 de Noviembre, al menos una explosión sacudió las profundidades oceánicas frente a la Patagonia Argentina.[4] En la superficie un temporal que crecía en intensidad se abatía desde hacía horas sobre las aguas sur-atlánticas; olas con alturas superiores a los 5 o 6 metros y vientos que superaban los 70 nudos/hora (130 km/hs), marcaban a fuego una escenografía marina cubierta de nubes. 
 
Ese era el contexto climático que había signado el final del día anterior y que ya definía la nueva jornada desde sus primeras horas; las mismas horas de un día en el cual se recibieron las últimas comunicaciones desde el submarino ARA San Juan. De acuerdo a la información pública, fueron al menos tres, siendo la última realizada desde un teléfono satelital de la firma IRIDIUM. Los horarios conocidos de comunicaciones a tierra desde el submarino, corresponden aproximadamente a las 0030, 0730 y 0836. El contenido de las mismas aún no se conoce en detalle aunque en sucesivas referencias, varios oficiales navales han reconocido que, aparte de comunicaciones de reporte habituales (muy probablemente la de las 0030), en las otras se habría comunicado desde el submarino la existencia de uno o varios desperfectos, entre los que se mencionaron repetidamente “falla eléctrica”, “problemas con las baterías de proa”, “entrada de agua” y “falla de los sistemas de comunicaciones” (quizá producto de los anteriores). [5]
 
La ARA informó desde últimas horas del Jueves 16 [6], que el submarino había incumplido con la comunicación rutinaria, correspondiente al plan de comunicaciones propio de la misión que el mismo realizaba, aunque sobre la naturaleza de esa misión, no hubiera disponible detalle alguno. Así mismo, se estableció desde ese primer momento que abordo navegaban 44 tripulantes, es decir entre 6 y 8 más que lo establecido como tripulación normal del navío. Con el correr de los días, se confirmaría la presencia de al menos 6 efectivos pertenecientes a la Agrupación de Buzos Tácticos (APBT) dependiente –como los submarinos- del comando de la Fuerza de Submarinos (COFS) de la ARA.[7]
 
 
 
Sobre el lugar donde se había perdido contacto con el ARA San Juan, la última posición conocida (UPC) establecida obviamente a partir de la información propia de las comunicaciones entre el barco y tierra, se la situó en torno al punto 46° 44´ S (Latitud Sur) y 59° 54´ W (Longitud Oeste), un área distante 240 NM (432 KM) de la costa, a la altura aproximada de Caleta Olivia.[8] Se desconoce –al momento de escribir estas líneas- si esta posición informada públicamente se corresponde con el detalle pedido y provisto días después por la empresa IRIDIUM, a partir del movimiento que la misma registrara a partir del funcionamiento del aparato de telefonía embarcado.[9]
 
En la mañana del día Viernes 17, la ARA anunció que se hallaba desarrollando “… operaciones para retomar comunicaciones con el submarino ARA San Juan con quien se perdió enlace durante su tránsito desde Ushuaia hacia Mar del Plata…”[10]. Poco después de las 09 hs, la primera de una larga serie de conferencias de prensa, a cargo del CN Enrique Balbi, repetía la explicación anterior.[11] En la tarde de ese día a las 19 hs, la ARA confirmó que había declarado al submarino como perdido y en problemas y que –en consecuencia- la operación pasaba a ser ahora “caso SAR”, es decir, de búsqueda y rescate de una nave siniestrada.[12] Desde entonces, la fiebre informativa en torno al destino del submarino, se desató en un crescendo mediático difícil de recordar, que perduró hasta el 30 de Noviembre de 2017, cuando se anunció el “cierre del caso SAR del submarino ARA San Juan”. [13]
 
Maniobras en el Beagle:

El sábado 4 de Noviembre, algunos sitios web y medios de prensa fueguinos comenzaron a informar de la llegada de unidades navales al puerto de Ushuaia.[14] Con el correr de los días se daría cuenta de la presencia de más de una decena de barcos, así como de personal y medios de todos los Comandos de la ARA (el Comando de Adiestramiento y Alistamiento de la ARA, del cual dependen orgánicamente, el COFM, el COAN, COIM, COFS, el COTN y las Áreas Navales involucradas en el despliegue)[15], en lo que constituía el comienzo de una serie de maniobras combinadas de una envergadura no vista desde los años 90 del Siglo pasado.[16] 

 
En el marco del plan anual de entrenamiento (las llamadas “etapas de mar”), la ARA venía desarrollando desde comienzos de mes un despliegue inusitado por el Mar Argentino, que –en cercanías de la Isla de los Estados- había incluido el disparo de al menos un misil Exocet MM-40 desde un destructor Meko 360 hacia un blanco naval previsto para la ocasión.[17] Prácticamente la totalidad de las unidades navales y submarinas de la ARA se habían desplegado desde sus bases en la costa bonaerense desde los últimos días de Octubre. Un hecho que no puede pasarse por alto, es que estos ejercicios navales argentinos se realizaron casi en sincronía con el habitual ejercicio con misiles antiaéreos de corto alcance, que anualmente desarrollan las fuerzas británicas estacionadas en Malvinas (este año, el ejercicio se extendió entre el 30 de Octubre y el 3 de Noviembre). [18]
 
Durante la semana siguiente (entre el Lunes 6 y el Viernes 10), se desarrollaron variadas ejercitaciones en las aguas del Beagle y las zonas adyacentes, que incluyeron operaciones anfibias en la zona de Punta Remolinos. [19] El resto de las unidades de la Armada –incluido el submarino ARA San Juan- desarrollaron ejercitaciones propias de sus capacidades y de acuerdo a sus propios cronogramas de adiestramiento (habitualmente, combate anti-submarino con unidades de superficie y aéreas, infiltración de Fuerzas Especiales, reconocimientos, etc.)
 
Entre el Sábado 11 y el Lunes 13, prácticamente la totalidad de las unidades navales, terrestres y aeronavales desplegadas comenzaron a replegar hacia sus bases de origen, distantes a más de 2000 kilómetros de Ushuaia, todas ellas. El mismo día Lunes y el Martes 14, medios patagónicos informaron de la presencia de corbetas y transportes navales en el área de Caleta Paula, Caleta Olivia y Puerto Madryn. [20] En lo que respecta a la partida del submarino, las últimas imágenes de él captadas en superficie corresponden a maniobras de inmersión datadas el día Jueves 8; hay referencias de una recepción abordo el día anterior y solo una fuente menciona como fecha de su zarpada desde el puerto austral al mismo día Lunes 13, aunque no refiere fuentes. [21] Teniendo en cuenta una navegación total en inmersión, transitando el Canal de Beagle, el Estrecho de LeMaire y luego en línea recta al UPC, la distancia total estimada supera los 1250 km.

 

 
 
Una navegación similar, pero evitando el Estrecho de Le Maire y circunvalando la Isla de los Estados, para llegar lo más directo posible al UPC, implica una distancia de algo más de 1300 km. Insoslayable en este último caso, es que una navegación similar impone atravesar la Zona de Exclusión establecida por los británicos en torno a Malvinas y aproximarse a solo 94 kilómetros de la estación de radar más occidental del sistema de alerta temprana británico desplegado en las islas desde 1983: Byron Heights.
 
 
Si bien hay antecedentes que confirman públicamente el esporádico tránsito de naves de guerra argentinas por esa área, las mismas son excepcionales y no refieren a submarinos. [22]
 
El “Agujero Azul” de la Pampa:
 
En Abril de 2014, el Gobierno Argentino presentó el Proyecto/Iniciativa “Pampa Azul”.[23] El mismo se propuso, entre otras cosas “Generar conocimientos científicos interdisciplinarios (…) para la preservación y el manejo sustentable de los recursos marinos (…) e Impulsar innovaciones tecnológicas…”. Entre las últimas, se mencionan como objetivos la necesidad de “generar prototipos y ensayos piloto de sensores…”, el desarrollo de “sistemas de interfaz entre sensores, sistemas de comunicación y plataformas autónomas y tripuladas” y el establecimiento de “un sistema de calibración confiable que asegure la calidad de los datos obtenido”. El desarrollo de los sensores asociados a estos objetivos (como plataformas autónomas, satélites, radares y de acústica submarina), impone en muchos casos su efectiva instalación en el lecho submarino.[24]
En el contexto de la vastedad marítima argentina, las zonas de especial interés que priorizó la Iniciativa fueron cinco. Una de ellas, exactamente al Este de Comodoro Rivadavia, en el preciso lugar donde la plataforma continental se desliza hacia la profundidad abisal, se denominó “Agujero Azul”. 
 
 
 
 
Los intereses en torno a esta particular zona del Océano Atlántico, un lugar donde la isóbata de 200 metros sale por fuera de las 200 Millas Náuticas de la Zona Económica Exclusiva de Argentina, presenta evidentes intereses para su estudio, al menos desde la geología y la biología marina. La zona es uno de los tres, y quizá el más grande de los “polos” de atracción pesquera de esa zona del Océano, según se puede ver en numerosas imágenes satelitales.[25] Un poco más al Sur, se encuentran las zonas licenciadas desde el gobierno británico en Malvinas a empresas dedicadas a la prospección y explotación petrolera, como se verá a continuación.
 
 
Es exactamente en la zona donde Pampa Azul ubica el “Agujero Azul”, en la que se produjo la desaparición del ARA San Juan. En la imagen que sigue se aprecian las posiciones informadas por las dos comunicaciones desde el submarino, así como la informada a partir del aporte del CTBTO; se obvia –por desconocerse a la fecha de escribir estas líneas- la posición informada por la empresa IRIDIUM a la ARA.
 
 
 
Las campañas de exploración y perforación petrolera del FIG en Malvinas:
 
Desde los años ´90, los gobiernos insulares desarrollaron intensas campañas internacionales para incentivar la exploración y explotación petrolera en las aguas circundantes a Malvinas. En Octubre de 1996 se otorgaron licencias a cinco competidores (consorcios) para abordar los procesos exploratorios; entre Abril y Noviembre de 1998, se completó la perforación de seis pozos exploratorios en el área denominada North Basin [26], cinco de cuyas siete subzonas se encuentran ubicadas en un radio de 70 kilómetros, en torno a un punto situado unos 200 kilómetros al norte de Isla Borbón (49° 30´ S, 59° 20´W, aproximadamente).[27] 
Aunque esas exploraciones –salvo una- presentaron surgimientos de petróleo y gas, el desplome internacional de precios de aquel año impuso lo que públicamente se conoció como un alto en las exploraciones y perforaciones. Los consorcios comprometidos vendieron sus participaciones y muchas de las compañías incluso desaparecieron o cambiaron de razones sociales. En el año 2004, surge una empresa denominada Falklands Oil & Gas Ltd. que promete retomar con ímpetu las exploraciones, esta vez hacia las zonas de prospección al Sur del Archipiélago. En los años siguientes empiezan a repetirse, además, otros nombres Rockhopper Exploration, Desire Petroleum, y Borders and Southern Petroleum en torno a la actividad.[28]
 
Las imágenes muestran las zonas cuyas licencias para exploración y explotación fueron otorgadas por el Gobierno Británico en Malvinas (FIG) en 1996, así como los lugares aproximados de perforación de esos seis pozos iniciales. [29]
 
 
 
 
El abandono de las exploraciones petroleras en la zona Norte de la Zona De Exclusión Militar (establecida por los británicos en Malvinas, y luego recortada hacia el Oeste a partir de los llamados “Acuerdos de Madrid”), nunca fue total, aunque el esfuerzo principal se movió a las zonas del Sur-Oeste y Este de la misma. Mas prospecciones en las aguas intermedias entre las islas y la costa argentina fueron intentadas y promovidas durante los primeros años del Siglo XXI, pero las mismas chocaron con la frontal negativa de sucesivos gobiernos argentinos a favorecerlas.[30]
 
 
Submarinos en el Atlántico Sur:
 
Desde los años ´30, la ARA navega submarinos por el Atlántico Sur.[31] No hay noticias de que submarinos de otras nacionalidades lo hubieran hecho antes que ella, aun teniendo en cuenta que menos de 15 años antes la guerra submarina había aparecido y arreciado en el Atlántico Norte, como novedad venida de la mano de los sumergibles alemanes. 
 
En los años de la Segunda Guerra Mundial, la cosa cambió. Se volvió frecuente la publicación y referencia a testimonios que indicaban la presencia de submarinos en las costas argentinas. Muchas de esas historias encuentran validación cuando en los meses de Julio y Agosto de 1945, en los meses siguientes al final de la contienda en el escenario europeo, los U-530 y U-977 (U-Boote de la Kriegsmarine, Armada Alemana) se rinden ante las autoridades navales argentinas en la Base Naval de Mar del Plata.[32]
 
En los años posteriores a 1945, la ARA se enfrascó en un proceso de re-equipamiento y ampliación que la llevaría a dotarse durante los años ´50 de abundante material de rezago europeo y norteamericano, muchas veces con poco uso operativo. Así, llegarían destructores, caza-minas, buques de asalto anfibio, submarinos y hasta un portaaviones, el primero operativo en Sud-América; vehículos anfibios, aeronaves de patrulla marítima, anti-submarinos y de ataque, también empezarían a poblar las bases de la Armada. En ese contexto, la presencia de testimonios mediáticos refiriendo la presencia de submarinos, visibles sin mayor esfuerzo desde las costas (especialmente patagónicas), volverían a surgir. El incidente de “Golfo Nuevo”, sin dudas, es el mejor ejemplo a este respecto.[33]
 
En estos años, la navegación de submarinos de una segunda y tercera generación generación, permitió a la ARA desarrollar la aptitud submarina con una mayor ambición.[34] Se produjeron extensas navegaciones de reconocimiento y patrulla por las zonas australes, incluyendo las Islas Malvinas, Georgia del Sur y áreas disputadas (en ese momento) con la República de Chile. Las primeras historias sobre desembarcos clandestinos de personal militar argentino en las Islas Malvinas, por ejemplo, datan de este período. [35]
 
En la década del ´70, se produce la incorporación de nuevos medios al Comando de la Fuerza de Submarinos de la ARA: los Tipo 209, fabricados en Alemania y ensamblados en parte en Argentina. Los dos ejemplares (ARA Salta y ARA San Luis) estaban ya operativos cuando se produjo la “casi guerra de Navidad” con Chile, en 1978. De hecho, uno de ellos operó en aguas territoriales chilenas en los momentos más álgidos de la crisis. [36] Estos son los navios que introducen verdaderamente a la ARA a la navegación submarina autónoma y casi totalmente independiente del mundo exterior. Al mismo tiempo que se ponen en servicio los submarinos Clase 209, la Armada configuraba y afinaba los requisitos para la contratación de la construcción de una nueva clase de submarinos, la quinta en la Historia del Arma Submarina Argentina, la de los TR-1700.[37] El ARA San Juan se convirtió en 1985 en el primer ejemplar operativo de una serie que debió haber sido de seis, pero que solo completó dos.
 
Más allá de la actividad de la ARA, el Atlántico Sur empezó a ser espacio de tránsito de submarinos de numerosos países, muchos de ellos extra-continentales. En 1977 Gran Bretaña desplegó como parte de la Fuerza de Tareas de la Operación JOURNEYMAN, un submarino nuclear al Atlántico Sur en lo que –hasta donde es público- parece ser el primer despliegue de la Historia de un medio similar de parte de la Royal Navy (RN).[38] En 1972 se registraron imágenes en Puerto Stanley de la presencia de un submarino de propulsión convencional, perteneciente a una Marina de las llamadas por entonces “del este” (perteneciente a un país integrante del Pacto de Varsovia, aparentemente la Armada Soviética).[39]
 
Obviamente, durante la Guerra de Malvinas y con posterioridad, las aguas del Atlántico Sur-Occidental se llenaron de submarinos, principalmente británicos. Solo entre Abril y Diciembre de 1982, se desplegaron al menos 8 de ellos. Deben sumársele los argentinos (tres, uno de los cuales resultaría hundido en Georgia del Sur) y los brasileros. Hay indicios muy fuertes que refieren presencia de submarinos soviéticos, norteamericanos y chilenos en la zona, con lo que el número de esos navíos en esos meses debe haber excedido la quincena con toda seguridad. [40]
 
Desde 1982 en adelante, la presencia de submarinos británicos en aguas de las Islas Malvinas se volvió habitual. No menos de uno de ellos fue asignado a las Islas permanentemente en estación por el resto de la década.[41] En los años 90 la presencia de submarinos ingleses en el Atlántico Sur es un misterio, aunque las pocas informaciones conocidas hablan de visitas a los muelles de Mare Harbour en varias ocasiones. La última ocasión en que se da cuenta públicamente de la posible presencia de un submarino nuclear británico en el Atlántico Sur, data de 2012.[42]
 
A modo de conclusión:
La zona del Atlántico Sur Occidental en la que el submarino ARA San Juan emitió sus últimas señales al mundo exterior, es un área de evidente y marcado interés académico, científico, económico, diplomático y militar. El tránsito por esas aguas es algo que los submarinos de la Armada Argentina y de otras más, especialmente la Royal Navy, han estado haciendo ya por muchas décadas. Que diversos submarinos naveguen por allí no es raro, de la misma manera que no es raro levantar la vista al cielo y ver el paso de un satélite.
Algunas incógnitas que toda esta angustiosa situación dejan flotando en el aire apunto a continuación. En primer lugar, intriga conocer que medios (“agencias”) informaron a USA sobre una explosión en un punto del océano próximo al lugar de la última comunicación conocida del ARA San Juan. Teniendo en cuenta que menos de dos días después una segunda fuente (en teoría independiente de la primera) informó resultados similares, y que los mismos fueron confirmados y detallados aún más el día 28 de Noviembre, intriga saber la procedencia de esa información tan precisa.

Una segunda “cuestión pendiente”, tiene que ver con la naturaleza de la misión que desarrollaba el ARA San Juan. Su partida de Mar del Plata el 25 de Octubre implica que, si hubiera retornado a puerto como estaba previsto, hubiera estado navegando de continuo por más de 25 días, algo que objetivamente, no había realizado desde antes de 2008. Ciertamente que constituye un dato llamativo, aun tratándose de un medio cuya naturaleza es exactamente esa, sobre todo teniendo en cuenta las experiencias de navegación continuada de submarinos de la ARA en los últimos 20 años.

Una tercera reflexión, y hasta aquí será la última, tiene que ver con el futuro del arma submarina en la ARA, en particular, y en la República Argentina en general. Los dos submarinos que quedan al COFS están experimentando refacciones más o menos importantes, que en un caso pueden extenderse por años y en el otro por algunas semanas o meses más.[43] Un tercio de los “submarinistas” y de los medios submarinos del país han desaparecido con este incidente en lo que constituye un golpe devastador. La vastedad marítima de la Nación y la inexistencia de medios operativos de recolección de inteligencia y/o disuasión (como lo constituye un submarino de las características del ARA San Juan), dejan a la Política Exterior del país con un déficit inocultable y obvio. 

El hallazgo del ARA San Juan y de su tripulación se impone como reto en multi- dimensional. Es un reto militar, puesto que la naturaleza del medio afectado impone conocer causas y desencadenantes del evento, tanto como resguardar elementos que pudieran afectar la seguridad nacional. Es un reto tecnológico, porque la unicidad del evento en la Historia de la Armada Argentina lo establece como excepción y –entonces- de ella debe aprenderse todo lo posible. Quienes tripulaban el submarino eran profesionales, bien conocedores de su metier y –por tanto- de que hacer en los momentos de crisis como el que, evidentemente, les tocó enfrentar; mucho hicieron en 21 de navegación, mucho hay para decir al respecto. Es –por supuesto- un reto tanto legal como ético y moral, porque impone a un Estado-Nación velar por sus ciudadanos, especialmente aquellos en armas, tanto en la vida como en la muerte pero, sobre todo y especialmente en la última. Familiares, camaradas y ciudadanos comunes de a pie esperamos que vuelvan, que nos cuenten, que nos informen, como durante años .en forma silenciosa, diligente, profesional y patriota- lo hicieron sin que muchos siquiera supiéramos que lo hacían.

 

fuente: www.elsnorkel.com



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